Los hórreos en Galicia: guía completa de historia, tipos y lugares para verlos
Los hórreos en Galicia son graneros elevados sobre pilares, construidos para ventilar y proteger el grano de la humedad y los roedores. Se calcula que existen unos 30.000 repartidos por toda la comunidad, levantados en piedra, madera o una combinación de ambas según la zona. Más que una construcción agrícola, son hoy un símbolo de identidad tan reconocible como el propio paisaje gallego.
En resumen:
- Los hórreos más importantes en tamaño y protección son los de Carnota y Araño, que superan los 30 metros y están considerados monumentos históricos, protegidos por la ley.
- La conservación requiere mantener los materiales originales y técnicas tradicionales, enfrentándose a problemas como la pudrición de la madera y asentamientos desiguales.
- La declaración actual los identifica como patrimonio inmaterial, promoviendo la transmisión de oficios tradicionales vinculados a su construcción y mantenimiento.
- Visitar estos conjuntos en época baja y con guía local enriquece la experiencia, ayudando a entender su historia, tipologías y significado cultural.
Tabla de contenidos
- Qué son y para qué se usaban los hórreos: función práctica
- Origen e historia: de antecedente rústico a símbolo patrimonial
- Tipos y materiales: clasificación y variantes dentro de Galicia
- Partes y vocabulario: cómo identificar las piezas de un hórreo
- Hórreos destacados y dónde verlos en Galicia: rutas y ejemplos clave
- Protección, patrimonio y estado actual: marco legal y conservación
- Cómo visitarlos y qué esperar: consejos prácticos desde la experiencia local
- Técnicas tradicionales de construcción y mantenimiento
- Eventos y festivales relacionados con los hórreos
- Impacto ambiental y adaptación a cambios climáticos
- Comparativa con construcciones similares en otras regiones de España y en el norte de Portugal
- Reflexión: el hórreo entre memoria, identidad y turismo responsable
- Descubre los hórreos de Galicia con una guía que conoce cada piedra
- Fuentes
- Preguntas frecuentes
Qué son y para qué se usaban los hórreos: función práctica
Un hórreo resuelve un problema muy concreto: cómo guardar el maíz y otros cereales lejos de la humedad del suelo gallego y fuera del alcance de ratones y ratas. Todo en su diseño responde a esa necesidad, desde los pilares hasta la forma alargada y estrecha de la cámara de almacenamiento.
La pieza clave es el tornarratos, una losa plana de piedra colocada entre el pilar y la base de la cámara. Su forma de disco invertido impide físicamente que los roedores trepen: llegan hasta el borde y no pueden seguir subiendo. Es una solución sencilla y eficaz, utilizada en prácticamente todos los hórreos tradicionales gallegos, con independencia de su tamaño o material.

Encima se apoya la cámara propiamente dicha, con paredes formadas por listones separados entre sí (los costais), que dejan pasar el aire pero no la lluvia directa gracias a la inclinación del tejado.
El material disponible en cada comarca determinó buena parte de la forma final. En zonas graníticas como buena parte de las Rías Baixas, la piedra domina la estructura completa. En áreas de montaña con más arbolado, el castaño y el roble se convirtieron en la opción natural para pilares, costais y cubierta, con la piedra reservada a la base y el tornarratos. Esta lógica constructiva explica por qué el hórreo de Carnota, en plena costa granítica, es una mole de piedra maciza, mientras que otros ejemplos del interior combinan madera y piedra en proporciones distintas.
El resultado funcional se aprecia bien en ejemplos como el hórreo de Araño, en Rianxo, cuya longitud inusual obligó a multiplicar el número de pilares para sostener el peso del grano almacenado sin que la estructura cediera.
Los elementos que definen la función de un hórreo son:
- Elevación sobre pilares: separa la cámara del suelo y corta el paso a la humedad y a los roedores.
- Tornarratos: disco de piedra que actúa como barrera antirroedores en la base de cada pilar.
- Ventilación por costais: listones separados que permiten la circulación del aire sin dejar entrar la lluvia.
- Orientación: la mayoría se orienta para aprovechar el viento dominante y acelerar el secado del grano.
- Cubierta a dos aguas: evacua el agua rápidamente y protege los remates ornamentales de las esquinas.
Origen e historia: de antecedente rústico a símbolo patrimonial
El origen del hórreo no tiene una fecha única, sino una evolución larga que arranca mucho antes de que adoptara la forma que hoy asociamos con Galicia. Las estructuras elevadas para guardar grano existen desde época prerromana en distintos puntos de la península, y algunos hallazgos arqueológicos apuntan a antecedentes constructivos ya en tiempos romanos.
- Antecedentes antiguos: graneros elevados sobre pilares de madera aparecen documentados en yacimientos célticos y romanos del noroeste peninsular, mucho antes de que existiera el término “hórreo” tal como lo conocemos.
- Edad Media: los primeros registros escritos que mencionan construcciones similares a los hórreos actuales datan de los siglos XII y XIII, vinculados a la economía agraria de monasterios y señoríos gallegos.
- Llegada del maíz (siglo XVI en adelante): la introducción del maíz americano transformó la agricultura gallega, pero fue en el siglo XVIII cuando su cultivo se generalizó y disparó la necesidad de espacios de almacenamiento más grandes y numerosos.
- Siglos XVII a XIX, expansión tipológica: en este periodo se consolidan las variantes regionales que hoy distinguimos, desde el hórreo gallego-portugués hasta las versiones de varas más ligeras del interior.
- Siglo XX, cambio de función: la mecanización agrícola y el éxodo rural reducen el uso agrícola del hórreo, que muchas familias empiezan a mantener por valor sentimental o patrimonial más que por necesidad práctica.
- Actualidad: el hórreo pasa de herramienta de subsistencia a icono cultural protegido, con un reconocimiento institucional que culmina en su declaración reciente como manifestación representativa del patrimonio inmaterial.
La etimología de la palabra “hórreo” tampoco está cerrada del todo. La hipótesis más aceptada la vincula al latín hórreo (granero), aunque las denominaciones locales gallegas (cabazo, canastro, piorno) sugieren raíces y evoluciones lingüísticas propias que convivieron durante siglos con el término castellano.
Un hallazgo que ilustra bien esta profundidad histórica es el trabajo arqueológico en Proendos, donde se documentó lo que se considera uno de los antecedentes constructivos más antiguos vinculados a este tipo de estructuras elevadas en la Galicia interior, reforzando la idea de que el hórreo no nació de golpe, sino que fue el resultado de siglos de ensayo y adaptación al clima gallego. Los estudios académicos sobre distribución y tipos de hórreos en la península sitúan esta evolución dentro de un fenómeno constructivo mucho más amplio, compartido con Asturias y el norte de Portugal, pero con una intensidad y variedad especialmente marcada en suelo gallego.
Tipos y materiales: clasificación y variantes dentro de Galicia
La clasificación más citada distingue tres grandes familias, aunque dentro de cada una hay subtipos con nombres muy locales.
El hórreo gallego-portugués es el más extendido y el que domina la imagen mental que casi todo el mundo tiene del hórreo: cámara rectangular alargada, apoyada sobre varios pares de pilares de piedra, con remates en cada extremo (a menudo una cruz o un pináculo). Es el modelo dominante en las Rías Baixas y buena parte del interior.
El hórreo asturiano, o modelo de influencia asturiana presente también en zonas limítrofes de Galicia, tiende a ser más cuadrado, con cuatro pilares y una planta menos alargada. Se diferencia del gallego-portugués en proporciones más que en materiales.
El hórreo de varas, también llamado cabaceiro, cabazo, panera o graneira según la comarca, es una construcción más ligera, a menudo íntegramente de madera o con estructura de varas entrelazadas, típica de zonas de montaña donde el cereal almacenado era menor en volumen y no requería una obra tan robusta.
Los materiales dominantes son:
- Granito: predomina en las Rías Baixas y en toda la franja costera con roca aflorante, dando lugar a los hórreos de piedra más monumentales.
- Esquisto y pizarra: presentes en comarcas del interior donde el granito escasea, con acabados más irregulares pero igual de sólidos.
- Castaño y roble: madera reservada tradicionalmente a pilares, costais y cubierta en zonas de montaña con más masa forestal.
- Construcciones mixtas: base de piedra con cámara de madera, la combinación más habitual en amplias zonas de Galicia.
- Albañilería moderna: en ejemplos del siglo XX, ladrillo o bloque de hormigón sustituyen a la piedra tradicional, generalmente en construcciones de menor valor patrimonial.
Dato destacado: algunos de los hórreos más largos conservados en Galicia superan los 30 metros de longitud, una escala que sorprende a quien solo conoce el hórreo como una pequeña caseta elevada de jardín. Esa longitud no es capricho estético: refleja la necesidad real de almacenar cosechas de familias numerosas o de comunidades enteras en un único conjunto.
La diversidad formal tiene una explicación que va más allá de la estética. Responde tanto a diferencias geológicas entre el granito y la pizarra como a decisiones de estatus económico local, lo que explica por qué en valles contiguos pueden convivir tipologías muy distintas sin que exista una frontera geográfica clara entre ellas.
Partes y vocabulario: cómo identificar las piezas de un hórreo
Reconocer las piezas de un hórreo cambia por completo la experiencia de visitarlo. Lo que a simple vista parece una caseta elevada sobre patas de piedra es en realidad un sistema de componentes con nombre propio y función específica, muchos de ellos exclusivos del gallego.
- Esteos o pegollos: los pilares verticales que sostienen toda la estructura, normalmente de piedra tallada.
- Tornarratos: la losa circular o cuadrada situada en la parte superior de cada pilar, la barrera antirroedores por excelencia.
- Lastra: la piedra plana que corona el tornarratos y sirve de base directa a la cámara.
- Costais: los laterales de la cámara, formados por listones de piedra o madera separados entre sí para ventilar.
- Penais: los paneles frontales y traseros, a menudo más decorados que los costais laterales.
- Cámara: el espacio interior donde se almacenaba el grano, normalmente dividido en compartimentos.
- Escalera o piorno de acceso: en muchos hórreos, un tramo de piedra o madera, exento de la estructura principal, que permite subir sin tocar los pilares.
- Cubierta: tejado a dos aguas, tradicionalmente de teja o losa de piedra, rematado en las esquinas con elementos ornamentales.
Los remates de las esquinas merecen mención aparte. En muchos hórreos gallegos aparecen cruces, bolas o pináculos tallados que no cumplen ninguna función estructural, pero que indicaban tradicionalmente el estatus o la devoción religiosa de la familia propietaria. Cuanto más elaborado el remate, mayor solía ser el peso simbólico que la comunidad le atribuía a esa construcción.
Consejo profesional: Observa siempre el hórreo desde el exterior y a cierta distancia antes de acercarte. Muchos siguen en uso privado o pertenecen a fincas particulares, y trepar o apoyarse en los pilares puede dañar piezas centenarias que ya soportan un desgaste natural considerable.
Hórreos destacados y dónde verlos en Galicia: rutas y ejemplos clave
Seis conjuntos concentran buena parte del interés turístico y patrimonial en torno a los hórreos gallegos, cada uno con un rasgo que lo distingue del resto.
- Hórreo de Carnota: declarado monumento histórico, es el más largo de Galicia construido en piedra, con más de 30 metros de longitud sobre 22 pares de pilares. Se asienta en la Costa da Morte, junto a la iglesia parroquial, y su envergadura lo convierte en parada obligada para cualquier ruta por la zona.
- Hórreos de Combarro: no son los más grandes, pero sí los más fotografiados de Galicia. Se alinean junto al mar en pleno casco histórico de esta villa marinera de la ría de Pontevedra, creando una estampa que combina piedra, agua y cruceiros en un espacio muy reducido.
- Hórreo de Araño (Rianxo): compite con Carnota por el título de más largo de Galicia, con una longitud que también supera los 30 metros. Su ubicación, más apartada de rutas turísticas masivas, permite visitarlo con calma.
- Hórreos de A Merca (Ourense): forman uno de los conjuntos más numerosos y variados del interior gallego, con ejemplares que muestran distintas fases constructivas dentro de un mismo municipio.
- Hórreos de Piornedo: en plena serra dos Ancares, aportan el valor etnográfico más singular de la lista. Conviven con las pallozas, viviendas circulares de piedra y techo de paja, formando un conjunto rural que apenas ha cambiado en siglos.
- Hórreo de Lira: en el municipio de Carnota, es otro ejemplo monumental de la comarca, con una escala que confirma que esta zona de la Costa da Morte concentró algunas de las construcciones más ambiciosas de toda Galicia.
Al visitar cualquiera de estos conjuntos conviene fijarse en tres cosas: el material (piedra, madera o mixto), la longitud aproximada en relación con el número de pilares, y el grado de protección patrimonial que ostenta, visible a menudo en un pequeño cartel informativo junto a la estructura.
Algunas recomendaciones prácticas para sacarles el máximo partido a estas visitas:
- La luz de primera hora de la mañana o el atardecer favorece las fotografías en Combarro, donde el hórreo y el mar comparten encuadre.
- Piornedo exige más tiempo de desplazamiento por carretera de montaña, así que conviene reservar medio día completo solo para esa zona.
- Carnota y Lira se pueden combinar en una misma ruta por la Costa da Morte, ya que están a pocos minutos en coche.
- A Merca funciona bien como parada intermedia en un itinerario más amplio por el interior de Ourense.
- Fuera de temporada alta (fuera de julio y agosto), la mayoría de estos enclaves se visitan sin aglomeraciones y con aparcamiento más fácil.
Turismo de Galicia recomienda estos mismos conjuntos como puntos de interés, y suelen combinarse bien con paisajes costeros o de montaña y con la gastronomía local de cada comarca. Si tu ruta pasa por la zona de Pontevedra, la guía sobre qué ver en Combarro detalla cómo organizar la visita a sus hórreos junto al mar.
Protección, patrimonio y estado actual: marco legal y conservación
La Ley 5/2016 del patrimonio cultural de Galicia es la norma que da cobertura legal a la protección de los hórreos gallegos. Establece que se consideran Bien de Interés Cultural aquellos hórreos con evidencia documentada de construcción anterior a 1901, una fecha de corte que deja fuera a buena parte de las construcciones más recientes, pero que blinda legalmente a los ejemplares históricos como el de Carnota o los principales conjuntos de Combarro.
Ese marco legal se ha ampliado recientemente con un reconocimiento de otro tipo. El Gobierno declaró el hórreo gallego manifestación representativa del patrimonio cultural inmaterial, un paso que va más allá de proteger la piedra y la madera.
El reconocimiento como manifestación representativa del patrimonio inmaterial implica que la protección se extiende a las prácticas y relatos asociados al hórreo, no solo a las estructuras físicas que quedan en pie.
Esto significa que la declaración ampara también los oficios tradicionales vinculados a su construcción y mantenimiento: la carpintería de castaño, las técnicas de cobertura y las formas de restauración transmitidas de generación en generación. Sin ese saber práctico, de poco sirve proteger legalmente una estructura si nadie sabe repararla cuando se deteriora.
En la práctica, la conservación de un hórreo se enfrenta a problemas recurrentes:
- Pudrición de la madera en las zonas donde castaño y roble sustituyen a la piedra, especialmente en costais y cubierta.
- Asentamiento desigual de los pilares por movimientos del terreno o cimentaciones antiguas insuficientes.
- Sustitución con materiales inadecuados, cuando reparaciones puntuales usan cemento o metal en lugar de piedra o madera tradicional.
- Abandono funcional, que acelera el deterioro cuando el hórreo deja de usarse y de recibir mantenimiento periódico.
La recomendación técnica para propietarios y ayuntamientos es clara: priorizar siempre la conservación de materiales originales y el uso de tornarratos tradicionales, reservando la incorporación de materiales modernos solo para casos justificados y debidamente documentados. Esa filosofía de mínima intervención es la que defienden los estudios etnográficos especializados en restauración de hórreos, y evita que una reparación bienintencionada termine restando valor patrimonial a la estructura.
Cómo visitarlos y qué esperar: consejos prácticos desde la experiencia local
Ver hórreos en Galicia funciona mejor cuando se integra dentro de una ruta más amplia, en lugar de plantear una visita aislada; para opciones y actividades en la zona, consulta las actividades en España que ofrecen distintas experiencias turísticas. Un medio día puede combinar perfectamente Combarro con otro pueblo cercano de la ría de Pontevedra, mientras que una jornada completa permite unir Carnota y Lira con el resto de la Costa da Morte, incluyendo acantilados y pueblos marineros.
Para quienes disponen de más tiempo, la guía de escapadas de fin de semana por Galicia ofrece itinerarios que ya integran paradas patrimoniales de este tipo junto con naturaleza y gastronomía.
Algunas normas de comportamiento son sentido común, pero conviene recordarlas porque muchos hórreos siguen en manos privadas:
- No trepar nunca a los pilares ni apoyarse en los costais, por resistentes que parezcan.
- Respetar los cercados o marcas que delimitan fincas particulares junto a hórreos rurales.
- Pedir permiso antes de fotografiar hórreos situados en propiedades cerradas o patios privados.
- Evitar tocar remates ornamentales antiguos, especialmente los de piedra tallada con siglos de desgaste.
El acceso en coche es la opción más práctica para llegar a Piornedo o A Merca, alejados de las rutas de transporte público habituales. Combarro y Carnota, en cambio, se integran bien en excursiones organizadas que ya incluyen otras paradas por la costa.
Consejo profesional: Si tu interés va más allá de la foto rápida y quieres entender el contexto histórico de cada conjunto, contratar un guía local marca la diferencia. Conocer qué comarca originó cada tipología o por qué un remate concreto tiene forma de cruz añade una capa de significado que no aparece en ningún cartel informativo.
Técnicas tradicionales de construcción y mantenimiento
Levantar un hórreo tradicional exigía un conocimiento constructivo muy específico, transmitido de maestro a aprendiz durante generaciones. La talla de los pilares de granito requería calcular con precisión el punto de apoyo del tornarratos, de modo que la losa quedara perfectamente nivelada y cumpliera su función antirroedores sin comprometer la estabilidad del conjunto.

En las estructuras de madera, la elección del castaño no era casual: su resistencia natural a la humedad y su facilidad de talla lo convirtieron en el material preferido para costais y cubiertas en toda la Galicia interior. Los ensambles se resolvían con técnicas de carpintería tradicional, sin apenas elementos metálicos, lo que permitía desmontar y sustituir piezas concretas sin afectar al resto de la estructura.
El mantenimiento periódico incluía revisar la inclinación de la cubierta tras cada temporada de lluvias intensas, comprobar que los tornarratos no se hubieran desplazado y renovar el tratamiento natural de la madera expuesta. Hoy, esos oficios sobreviven gracias a carpinteros y canteros especializados en restauración patrimonial, formados a menudo dentro de programas vinculados a la protección de bienes de interés cultural.
Eventos y festivales relacionados con los hórreos
Muchas fiestas patronales y ferias agrícolas gallegas mantienen viva la memoria del hórreo como símbolo de la cosecha, aunque pocas giran exclusivamente en torno a esta construcción. Las fiestas del maíz y las ferias de otoño en distintas comarcas rurales suelen incluir referencias directas al hórreo como icono de la abundancia agrícola y del trabajo campesino.
En Combarro y Carnota, la propia presencia de los hórreos convierte cualquier celebración local (procesiones, romerías, mercados de artesanía) en una oportunidad para verlos rodeados de actividad, algo muy distinto a visitarlos en un día tranquilo entre semana. Algunos ayuntamientos organizan también jornadas de puertas abiertas o visitas guiadas puntuales coincidiendo con el reconocimiento institucional reciente del hórreo como patrimonio inmaterial, pensadas para explicar tanto la arquitectura como los oficios asociados a su construcción.
Para quien planifica una visita, merece la pena consultar el calendario de fiestas locales de la comarca elegida: coincidir con una celebración tradicional añade un contexto vivo que ninguna visita aislada puede ofrecer.
Impacto ambiental y adaptación a cambios climáticos
El diseño original del hórreo ya incorporaba una respuesta inteligente al clima gallego, húmedo y lluvioso buena parte del año. La elevación sobre pilares y la ventilación cruzada por los costais resolvían, sin electricidad ni tecnología alguna, el problema de la humedad que hoy sigue afectando a graneros modernos peor ventilados.
El cambio climático plantea ahora retos distintos a los que enfrentaron sus constructores originales. El aumento de episodios de lluvia intensa y viento fuerte acelera el desgaste de cubiertas y costais de madera, especialmente en hórreos situados en zonas costeras expuestas. La subida del nivel freático en algunas áreas próximas a la costa también complica el mantenimiento de cimentaciones antiguas.
Los criterios de restauración conservadora, que priorizan materiales originales frente a sustituciones modernas, deben ahora convivir con la necesidad de reforzar estructuras frente a fenómenos meteorológicos más frecuentes. El reto para técnicos y propietarios es encontrar ese equilibrio: reforzar sin desnaturalizar, adaptar sin perder la lógica constructiva que ha mantenido en pie a estos edificios durante siglos.
Comparativa con construcciones similares en otras regiones de España y en el norte de Portugal
El hórreo gallego no es un fenómeno aislado. En Asturias existe una tradición paralela, con una tipología propia de planta más cuadrada y cuatro pilares, que comparte con el modelo gallego-portugués la misma lógica de elevación y ventilación, pero con proporciones distintas.

En el norte de Portugal, especialmente en la región del Minho, los espigueiros cumplen una función casi idéntica y comparten un origen constructivo común con el hórreo gallego-portugués, hasta el punto de que la frontera administrativa entre ambos países atraviesa una misma tradición arquitectónica sin solución de continuidad visual. Algunos espigueiros portugueses, como los de Soajo y Lindoso, alcanzan una escala monumental comparable a la de Carnota o Araño.
Más lejos, en Castilla y otras zonas de secano, existen paneras y graneros elevados con soluciones distintas, generalmente menos desarrolladas en ornamentación y con materiales adaptados a climas más secos, donde el problema de la humedad es mucho menor. La comparación deja clara una cosa: el hórreo gallego, con su densidad y variedad tipológica, representa una de las expresiones más ricas de esta familia constructiva en toda la península ibérica.
Reflexión: el hórreo entre memoria, identidad y turismo responsable
El hórreo cambió de función mucho antes de cambiar de significado. Dejó de guardar maíz en muchas fincas hace décadas, pero sigue de pie porque encarna algo que ninguna ley protege del todo: el oficio de quien sabe tallar un tornarratos o ensamblar costais de castaño sin un solo clavo. Esa transmisión de conocimiento es tan frágil como la propia piedra expuesta al viento atlántico.
El turismo, bien gestionado, puede ser aliado de esa conservación en lugar de amenaza. Cada visita a Carnota o Combarro que respeta el espacio privado y valora el contexto histórico ayuda a justificar la inversión pública en restauración. La responsabilidad recae tanto en quien visita como en quien organiza la visita: mirar con curiosidad, tocar con cuidado y entender que detrás de cada hórreo hay generaciones de trabajo campesino.
— Tour
Descubre los hórreos de Galicia con una guía que conoce cada piedra
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Fuentes
Para profundizar en el tema, Turismo de Galicia recoge las fichas oficiales de los conjuntos más visitados. El texto de la Ley 5/2016 del patrimonio cultural de Galicia detalla los criterios legales de protección. La entrada de Wikipedia sobre el hórreo gallego ofrece una síntesis tipológica útil, y el estudio académico sobre hórreos en la península ibérica aporta el rigor etnográfico de fondo.
- El hórreo gallego: de granero a símbolo de identidad tras declararlo el Gobierno Patrimonio Cultural Inmaterial
- Ley 5/2016, de 4 de mayo, del patrimonio cultural de Galicia (DOG)
- Hórreo gallego — Wikipedia
- Hórreos - GALICIA (Turismo de Galicia)
Preguntas frecuentes
¿Cuáles son algunos hórreos famosos de Galicia?
Entre los más destacados están el hórreo de Carnota, el más largo construido en piedra de Galicia; los hórreos de Combarro, junto al mar; el hórreo de Araño en Rianxo; los conjuntos de A Merca en Ourense; los hórreos de Piornedo en los Ancares; y el hórreo de Lira, también en Carnota.
¿Cuántos hórreos hay en Galicia?
La cifra aceptada ronda los 30.000 hórreos repartidos por toda la comunidad gallega, aunque no todos conservan su valor patrimonial ni su uso original.
¿Qué dice la ley sobre los hórreos en Galicia?
La Ley 5/2016 del patrimonio cultural de Galicia declara Bien de Interés Cultural a los hórreos con evidencia de construcción anterior a 1901, y el hórreo gallego ha sido reconocido además como manifestación representativa del patrimonio cultural inmaterial.
¿Se puede visitar el interior de un hórreo?
La mayoría de los hórreos que se visitan como atractivo turístico, como los de Carnota o Combarro, se contemplan desde el exterior, ya que muchos siguen siendo propiedad privada o forman parte de conjuntos monumentales protegidos.
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